De la manipulación de la televisión a la manipulación de internet

persona en internet

Si la segunda mitad del siglo XX se caracterizó por la hegemonía de la televisión como medio de comunicación, el comienzo del siglo XXI ha significado la cesión del trono en beneficio de la nueva primacía de internet.
Sobre la influencia de la televisión ya existen infinidad de estudios que describen sus implicaciones. El que podría parecer más obvio es el de ser un elemento transmisor de violencia. Algo demostrado por Pahlavan (2002) para los casos de la simple exposición, o por las observaciones de Eron y Huesmann (1986) y Pearl, Bouthilet y Lazar (1988) con las que pudieron vincular la agresividad y la falta de empatía en los niños que veían mayor cantidad de horas de televisión. Santiesteban (2005) concluye la otra cara de la moneda, que los niños que realizan actividades vinculadas a la lectura son menos violentos.
La televisión ha sido además el principal elemento educativo de las masas. Mediante ella las personas han internalizado lo que estaba socialmente admitido y han obtenido una exégesis sobre el significado de sus vidas y de su existencia. No es pues de extrañar que los cambios sociales necesitasen de la oportuna explicación y que ésta fuese ofrecida por la televisión, o por su precedente mediático, el cine. Esto ya se ha venido dando de similar manera desde la primera mitad del s.XX en el cine, por ejemplo con los papeles que representó Katherine Hepburn de mujer emancipada; o con el incremento del tráfico aéreo en la década de los setenta y la consiguiente explicación en la saga de películas del estilo de “Aeropuerto 77”; o, más recientemente, con la implementación de internet en todos los hogares que se vio nuevamente “explicada” en el cine con películas del tipo “Tienes un e-mail”. Lo común a todos estos casos es que los fenómenos o los cambios sociales de masas necesiten de una rápida respuesta y ésta es ofrecida a través de las pantallas (principalmente de televisión, pero también de sus vinculados como el cine) para ofrecer una rápida y fácilmente digerible explicación de lo que significa el nuevo cambio y de cómo poder asimilarlo. Este proceso surge debido a que las personas se encuentran perdidas en el nuevo referente y es alimentado por la industria que, conocedora de esta situación, produce los códigos necesarios para satisfacer esta necesidad. Sin embargo resulta obvio que el objetivo de la industria no es educar, sino obtener beneficios. Es por esto que la explicación no pasa de ser ilusoria (frecuentemente cimentada en unos pocos tópicos) y la satisfacción vana y efímera. Algo que, por cierto, obliga a repetir el ciclo mientras el nuevo fenómeno social siga vigente. Este tipo de procesos han situado a la televisión como uno de los principales agentes del sistema (Fromm). Gracias a ella son trasmitidos los valores necesarios para que el sistema funcione y, de esta manera, sus miembros quieran hacer lo que deben de hacer. En cuanto a esto tampoco hay que olvidar que, gracias a su centralización, la televisión ha sido un elemento codiciado políticamente para poder manipular a conveniencia al electorado.
En la actualidad la centralización que ofrecía la televisión pierde relevancia a pasos agigantados. Mientras que el número de internautas y las horas que se dedican a este medio aumentan, lógicamente ello conlleva una reducción del influjo y del número de horas dedicadas a la televisión. Pero esta circunstancia que podría parecer a primera vista positiva no es la única consecuencia de la nueva situación.
Aunque no existen todavía demasiados estudios respecto a la influencia del uso de internet parece que una de las conclusiones más admitidas es la de que disminuye la capacidad de concentración. Esto es ocasionado porque tanto en redes sociales, chats, diarios, etc… los datos proporcionados buscan ser de un contenido relevante inmediato y poco profundo. Precisamente, y unido a este factor, tenemos la nueva capacidad de interactuar del individuo con los datos recibidos, algo que, de manera semejante al refuerzo descrito con los “perros de Pavlov”, tiende a generar una situación de “estimulo constante” que fácilmente puede degenerar en una adicción. Precisamente la adicción a internet, al igual que muchos otros tipos de adicciones, viene propiciada por algún tipo de carencias en la vida del individuo. Por ejemplo, para una perdona con un déficit social, internet puede significar su única vía de escape (incluso aunque ésta pueda ser ilusoria). No es pues extraño que debido a esta cantidad constante de pequeños estímulos la persona construya una identidad que quede habituada a funcionar de la misma manera y, por lo tanto, encuentre más dificultades en actividades que no funcionen bajo los mismos procesos y requieran de una concentración constante como, por ejemplo, la lectura de un libro.
Si bajo el dominio de la televisión se nos promovía a la pasividad y al pensamiento único, bajo la hegemonía de internet desaparece una autoridad fija a la que podamos subordinarnos para ser el propio formato el que nos capte. Hay una nueva variedad de opciones pero nos vemos impelidos (o cuando menos tentados) a obrar mecánicamente (el mencionado esquema de Pavlov) dirigiéndonos hacia lo superficial y evitando indagar en lo realmente esencial. Esta superficialidad concuerda con el carácter que requiere la sociedad contemporánea para sus individuos (en caso contrario se crearían problemas para la cohesión del sistema) y, al mismo tiempo, queda reforzado desde esta perspectiva. Es probable que, a partir de ahora, tengan menos importancia las órdenes concretas proferidas desde unos pocos emisores y gane en relevancia la mecanización del individuo. La autoridad declarada se transforma en autoridad anónima. El problema deja de estar en lo externo para residir y ser parte de uno mismo.

5 comentarios:

LastChild 19 de enero de 2011, 20:45  

"(...) para una persona con un déficit social, internet puede significar su única vía de escape".

Es totalmente cierto, pero no solo eso sino que además internet puede llegar a ser el culpable de su déficit social.

Un saludo.

Ricardo Iglesias Fernández 19 de enero de 2011, 20:52  

Estoy completamente de acuerdo.

Saludos

Jorge 19 de enero de 2011, 22:40  

Tengo 17 años y convivo con una pc con Internet desde hace 5 año. Siento en carne propia cada oración de este articulo. La necesidad social de los individuos como yo nos hacen caer en la desinformación de las masas que nos ofrecen las redes sociales por ejemplo.

Ricardo Iglesias Fernández 20 de enero de 2011, 14:01  

Hola Jorge:

Yo me di cuenta de cómo funcionaba este tema con más edad de la que tú tienes.

Ojalá te pueda servir para tener un referente más que impida que se repitan los mismos errores. Me alegro de que el artículo te haya sido de utilidad.

Gracias y saludos

Laura Gallardo 12 de febrero de 2012, 20:35  

Gracias por tu post. Me ha gustado mucho. Acabo de leer "Superficiales" de Nicholas Carr y refleja lo que expones... A mí me pasa lo contrario, no consigo pensar como un "nativo digital" y hoy día, creo que también es "pecado" y además, te marca, te afecta en tu trabajo y te hace sentir diferente... (intento ponerle remedio, pero la red, la infoxicación, la publicidad, demasiadas cosas pero pocas de calidad...hacen que pierda el interés rápidamente)

Saludos,
Laura.