El surgimiento de las ideologías políticas
En los seres humanos entenderemos por “carácter” al sustituto humano del instinto animal. Mientras los animales están dotados de un componente instintual fijo, en el ser humano su equivalente se forma también en los primeros años de vida pero difiere en cada individuo. Sin embargo lo que mantienen en común es que en ambos casos ofrecen una forma de afrontar lo que nos puede llegar del exterior. Por ejemplo, en el caso de una persona avara ésta siempre tenderá a evitar gastos y a buscar el ahorro ante una nueva situación que se le presente.
Este carácter tendrá consecuencias decisivas en la vida del individuo. Una de las principales es que, debido a que existe una clara correlación entre el carácter de cada individuo y la orientación ideológica en la que éste terminará derivando, su forma de pensar quedará decidida por su “carácter”. Cuando una orientación del carácter es firme terminará fructificando ideológicamente y, fácilmente, podrá también derivar en una orientación política. Esto es así porque las diversas formas de entender la política siempre se nutren de una determinada orientación ideológica.
Resulta habitual que, cuando la orientación política es definida, ésta no cambie. Variar implicaría comprender la realidad de otra manera y, sobre todo, que el carácter del individuo cambiase de alguna forma significativa. Debido a la estaticidad de carácter el mundo se nos muestra a lo largo de todas nuestras vidas como esencialmente el mismo. Incluso puede darse el caso de que algo que sea considerado extremadamente relevante para un grupo de individuos, mientras que para otro grupo este mismo suceso sea tan irrelevante que ni siquiera llegue a existir.
Si observamos la denominada “mentalidad anticapitalista” comprenderemos que también procede de una orientación del carácter. Hasta tal punto esto es así que puede existir en esencia dicha mentalidad sin necesidad de que realmente exista el propio “Capital”. Simplemente se trata de una orientación más del carácter que se acaba fijando a un elemento que le es propicio para poder desarrollarse.
Que el carácter del individuo tenga estas derivaciones resulta positivo y negativo a la vez. Positivo porque ayuda a generar una sensibilidad para poder afrontar la realidad; negativo porque impide ver otras perspectivas y fácilmente hará caer a la persona y una especie de fundamentalismo que generará intolerancias hacia otras mentalidades que no sean la suya. Pero si todo conocimiento implica una hermenéutica resulta siempre inevitable que estas situaciones se den en alguna medida.
Este carácter tendrá consecuencias decisivas en la vida del individuo. Una de las principales es que, debido a que existe una clara correlación entre el carácter de cada individuo y la orientación ideológica en la que éste terminará derivando, su forma de pensar quedará decidida por su “carácter”. Cuando una orientación del carácter es firme terminará fructificando ideológicamente y, fácilmente, podrá también derivar en una orientación política. Esto es así porque las diversas formas de entender la política siempre se nutren de una determinada orientación ideológica.
Resulta habitual que, cuando la orientación política es definida, ésta no cambie. Variar implicaría comprender la realidad de otra manera y, sobre todo, que el carácter del individuo cambiase de alguna forma significativa. Debido a la estaticidad de carácter el mundo se nos muestra a lo largo de todas nuestras vidas como esencialmente el mismo. Incluso puede darse el caso de que algo que sea considerado extremadamente relevante para un grupo de individuos, mientras que para otro grupo este mismo suceso sea tan irrelevante que ni siquiera llegue a existir.
Si observamos la denominada “mentalidad anticapitalista” comprenderemos que también procede de una orientación del carácter. Hasta tal punto esto es así que puede existir en esencia dicha mentalidad sin necesidad de que realmente exista el propio “Capital”. Simplemente se trata de una orientación más del carácter que se acaba fijando a un elemento que le es propicio para poder desarrollarse.
Que el carácter del individuo tenga estas derivaciones resulta positivo y negativo a la vez. Positivo porque ayuda a generar una sensibilidad para poder afrontar la realidad; negativo porque impide ver otras perspectivas y fácilmente hará caer a la persona y una especie de fundamentalismo que generará intolerancias hacia otras mentalidades que no sean la suya. Pero si todo conocimiento implica una hermenéutica resulta siempre inevitable que estas situaciones se den en alguna medida.




